Es a los cincuenta cuando sientes definitivamente que ya no eres joven. El tiempo ya no lo tienes por delante y has asistido al desfallecimiento de todas tus ilusiones, de todo cuanto quisiste ser. Tus sueños se han diluido lentamente y te enfrentas a tu decadencia como un espectador impaciente ante el espectáculo de tu irónico Destino. Has salido derrotado de la partida y con una tristeza seca y dura, solo te queda, si tienes hijos, luchar por ellos como un animal. O esperar en soledad, como un reptil revolcado al sol, pensando en el escenario de la Muerte.
Memorias de soledad
"Escribir es la manera de sentirme solo" (Pessoa).
miércoles, 15 de mayo de 2013
DECADENCIA
domingo, 5 de mayo de 2013
ACTORES Y ACTRICES

A lo largo de este blog han ido sucediéndose pequeños artículos sobre mis actores y actrices preferidos. Se trata de una lista de 10 actores y 10 actrices que representaron inolvidables personajes en la pantalla y que dejaron huella en el inconsciente colectivo de varias generaciones. Aunque alguno de ellos sigue vivo fueron personajes de otro tipo de cine, de otro tiempo, incluso de otro siglo. Sus principales trabajos los realizaron a lo largo del siglo XX y encarnaron unos valores y unas ilusiones que se incrustaron en algún profundo rincón de mi cerebro. Junto a muchos otros personajes de cine,- la lista sería muy larga, y cada uno tiene la suya- representan una forma de entender el cine y la vida, que parece ya muy lejana.
A ellos me hubiera gustado parecerme y de ellas me enamoré en mis mejores sueños. A todos les debo un agradecimiento por formar parte de mis anhelos durante muchos años. Por este blog pasaron pequeños homenajes a ellos y a ellas:
ELLOS
La guapura insultante de Paul Newman, el pillo más atractivo y simpático del cine. La serenidad de los gestos de su amigo Redford, que supo llevar una chaqueta y mover las manos como nadie. La elegancia moral que Gregory Peck le impregnó a su Atticus. La rectitud y la fidelidad a sus principios del bueno de James Stewart que hizo eternos en la genial “Que bello es vivir”. Burt Lancaster brincó en interminables aventuras por todos los mares y por todos los pasillos del cine negro, el mismo cine por el que circularon los tipos duros y con valiente determinación que encarnó Bogart. El humor de Gary Grant para pasar por delante de cualquier bella dama sin hacer nunca el ridículo. El camaleónico De Niro que frecuentó todos los rincones del alma humana saltándose todos los códigos y todas las leyes. El seductor Mastroianni, el enternecedor dandi que nunca dejó de reconocer su fragilidad y sus sufrimientos, sin perder la compostura; o el bonachón y humilde Aleixandre que supo llevar con resignación las miserias de la realidad y de las derrotas.
ELLAS.
La inteligente y rebelde fiera que sufre por amor hasta el final de Katherine Hepburn. La belleza romántica de Ingrid Bergman en cualquiera de sus películas. La enigmática mirada felina de Lauren Bacall, que hizo silbar a los tipos más duros. La bondadosa ternura que impregnó Joan Fontaine a dos personajes inolvidables: la “Rebeca” de Hitchcock y la Lisa de “Carta de una desconocida” de Ophüls. La bestial belleza de Ava Gardner que hace recordar a cualquier hombre su condición de animal. La apasionada Natalie Wood de “Esplendor en la hierba” que me hizo llorar de adolescente. El estilo glamouroso y elegante del alma de Audrey Hepburn, uno de los mejores modelos de mujer que registró la pantalla de cualquier época. Marilyn Monroe, la excitante seducción que emanaba con solo guiñar un ojo, y cuyo bellísimo rostro se ha convertido en una de las imágenes más representativas del pasado siglo. La sexualidad volcánica de Sofia Loren ,que uno ha de frotarse los ojos para creer lo que está viendo. Y como no puede faltar la mala, ahí está Barbara Stanwyck capaz de arrastrar a cualquier hombre convertido en pelele bajo sus garras de pantera herida e indomable.
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lunes, 29 de abril de 2013
UN NUEVO SER
Una nueva mirada.
Una nueva luz.
Un nuevo resplandor.
Una nueva esperanza.
Una nueva voluntad de vivir.
Un nuevo suspiro brillando en la oscuridad del Espacio. Una nueva ilusión anclada en la interminable cadena del Tiempo.
jueves, 11 de abril de 2013
MANUEL ALEIXANDRE
Entre la lista de mis actores favoritos está, junto a grandes estrellas de Hollywood, este eterno secundario de oro. Encarnó como nadie personajes humildes, llenos de bondad y resignación, convirtiéndose en uno de los principales nombres del cine español. Nacido en Madrid en 1917 empezó su carrera de actor gracias a su amigo Fernando Fernán Gómez pero fue “Bienvenido, Mr. Marshall" el inicio de su éxito en la gran pantalla gracias a Luis G, Berlanga, director con el que rodó clásicos como "Calabuch", "Los jueves, milagro" y "Plácido", entre los más destacados.
A lo largo de su deslumbrante carrera como intérprete de reparto, protagonizó títulos como Atraco a las tres, Historias de la televisión, Amanece que no es poco, Así en el cielo como en la Tierra, El bosque animado , La marrana, Calle mayor, o Extramuros entre muchos otros. En los últimos años afrontó papeles protagonistas como el de "El ángel de la guarda", "Primer y último amor", o "Elsa y Fred", por la que optó al Goya al mejor actor principal.
Además de sus 312 apariciones en el cine, también intervino en numerosas obras de teatro – su gran pasión- y en series de televisión de gran éxito.
Medalla del Mérito de las Bellas Artes en 2002, Goya de Honor 2003 y merecedor de la Gran Cruz de Alfonso X el Sabio en 2009, su último trabajo fue en la serie "20-N" (2008), donde interpretó los últimos días del dictador Francisco Franco.
Su amigo, el escritor valenciano Manuel Vicent, le dedicó unas palabras hace unos años cuando falleció en 2010 a los 92 años.
“Siempre recordaré a Manuel Alexandre sentado en el Gijón, con el tique de la consumición enrollado a modo de pequeño pincel, que mojaba en el rescoldo del café, con el que pintaba un desnudo femenino en el papel de la servilleta, levemente escorado sobre el velador. Era la forma de abstraerse de la tertulia cuando se hablaba de problemas que no le interesaban o le traían un mal recuerdo o había algún gafe en la mesa. Llevaba todavía en los huesos todo el miedo de la Guerra Civil. Tenía un concepto catastrófico del ser humano, pero si en España se hubiera celebrado un concurso de recibir aplausos, cronómetro en mano, Manuel Alexandre lo habría ganado sin ninguna duda, más que ningún otro personaje de cualquier rango, clase u oficio. Fue muy amado por tenderos, camioneros, oficinistas, jubilados, amas de casa, presidentes de Gobierno, gente alta y baja, jóvenes y viejos. Hasta poco antes de morir, algunos en la calle aún le felicitaban por el Premio Nobel al confundirlo con el poeta de su mismo apellido. Manolo Alexandre lo mismo te recitaba sobre la marcha un soneto de Quevedo que te daba ideas para arreglar un grifo o un caldero mientras cruzabas con él un paso de cebra. Fue culto, muy leído, de costumbres consolidadas. Rafael Azcona decía: "Se nota que ya es primavera porque Manolito Alexandre ha dejado la bufanda cruzada y se ha puesto la pescadora". Lo único que le hacía llorar era el recuerdo de las noches de Pasapoga con su amigo Fernán-Gómez y el amor de algunas mujeres. Había aprendido el oficio bajo el bombardeo de Madrid, con toda la vida por delante en pensiones con olor a coliflor, corralas y camerinos hasta que, siendo por antonomasia el actor secundario en 300 películas, consiguió ser protagonista en dos de ellas a los 90 años, algo que no ha logrado ningún actor del mundo, Hollywood incluido, y que podría ser llevado al Guinness. Batió otro récord. Fue el único en ser atropellado por su propio coche al ponerse delante para detenerlo con las manos en la rampa de un garaje. Dos sucesos por los que puede pasar a la historia. Había que quererle. Cuando llegué al Gijón, hace mil años, él ya estaba allí pintando con el rescoldo del café a la mujer soñada.”
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lunes, 8 de abril de 2013
IMPERATIVO BIOLÓGICO
Entre las instrucciones que guarda la secuencia genética de un espermatozoide o un óvulo está la de continuar reproduciéndose. El imperativo biológico que estas células llevan grabado en su interior es el de conquistar la eternidad, y para ello originan un zigoto que crecerá y se transformará en un animal. Un animal es un fragmento de carne que sirve para originar nuevos gametos que buscarán otros gametos del sexo opuesto con los que unirse para formar nuevos zigotos. Éstos se denominan diploides porque disponen de dos copias de instrucciones genéticas, uno procedente de cada célula sexual, y por ello están mejor preparados para resistir invasiones microbianas y superar obstáculos que los pudiera eliminar del tiempo. Toda una explosión de estrategias apareció en el mundo de los animales para sobrevivir. Refrigerarse o calentarse, comer o descansar, acercarse o huir, asociarse o engañar, y por supuesto, seducir y cortejar.

En el caso de los humanos, estos animales disponen entre las orejas de una masa viscosa de menos de kilo y medio que le permite ofrecer una gran variedad de mecanismos para adaptarse a un ambiente en continuo cambio. Y sobre todo ha proporcionado una auténtica maravilla evolutiva: la aparición de la conciencia y de la ciencia; la posibilidad de desvelar el secreto que guarda el fenómeno de la vida en sus secuencias genéticas y entender el origen de hombre tras ser sometido a toda clase de presiones evolutivas.
Desde este punto de vista se puede entender el entusiasmo de una pareja de adolescentes, el cosquilleo de los momentos anteriores a una cita, la furia apasionada con que juntamos los fluidos corporales o el apego que tenemos por quienes más genes compartimos. También el odio y la competencia que se genera para acaparar recursos. Pero la más importante lección que encierra nuestro ADN es encontrar placentera la búsqueda del amor así como la elegante generosidad con que nos enfrentamos al cuidado de las criaturas en sus etapas iniciales. Estos son los principales mandatos ocultos en lo más profundo de la maquinaria bioquímica de los espermatozoides y óvulos que fuimos algún día.

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jueves, 28 de marzo de 2013
KATHERINE HEPBURN
Esta mujer de Filadelfia nació en el seno de una familia culta y respetada en 1907. Se crió junto a sus cinco hermanos en un entorno tolerante y confortable hasta que el suicidio de un hermano provocó un trauma familiar que marcaría el carácter de la joven Kate.
Tras estudiar arte dramático, comenzó su carrera en el teatro, pero pronto iniciaría su carrera en Hollywood donde rodó algunos títulos importantes como la versión de G. Cukor del clásico Mujercitas.
Con aspecto de muchacho rebelde, y lejos de algunos mitos femeninos de la época como Jean Harlow o Mae West, se ganó el reconocimiento de actriz de enorme talento y de enérgica personalidad. Su aspecto largirucho y flaco, sus facciones angulosas, su andar desenvuelto y confiado y su lenguaje refinado crearon un prototipo de mujer segura de sí misma, con aplomo, inteligente y atractiva.
Con aspecto de muchacho rebelde, y lejos de algunos mitos femeninos de la época como Jean Harlow o Mae West, se ganó el reconocimiento de actriz de enorme talento y de enérgica personalidad. Su aspecto largirucho y flaco, sus facciones angulosas, su andar desenvuelto y confiado y su lenguaje refinado crearon un prototipo de mujer segura de sí misma, con aplomo, inteligente y atractiva.
Pero también surgieron los primeros problemas al negarse a asistir a eventos publicitarios y hacer el paripé fuera de los platós, hecho que enfurecía a sus productores y que no terminaba de contentar al público de la época. De hecho, protagonizó con Cary Grant la obra maestra de la "screwball comedy", "La fiera de mi niña" (1938), realizada por Howard Hawks, que fue un fracaso, y tras la cual fue calificada de veneno para la taquilla.
El éxito con el público vino con una obra que ya había interpretado para el teatro, la conocida Historias de Filadelfia (1940), de Cukor, y con Grant y James Stewart de co-protagonistas.
En 1942, durante el rodaje de La mujer del año conoció a Spencer Tracy, el que sería el gran amor de su vida. Kate se había divorciado de su único marido, pero las creencias religiosas de Tracy no le permitían hacer lo mismo con su mujer. A pesar de todo, su intensa relación se mantuvo durante muchos años, aunque en estos tiempos no era de buen gusto hacerse público en las revistas, y formaron una de las parejas míticas del cine gracias a las nueve películas que hicieron juntos,. Entre ellas, La llama sagrada, o La costilla de Adán dirigidas por George Cukor, o Adivina quien viene esta noche, de Stanley Kramer.Poco después de concluir el rodaje de esta última, en 1967, Tracy fallecería; Kate nunca quiso ver la película.
En la década de los 50 coincidió bajo las órdenes de John Huston con Humphrey Bogart para protagonizar La reina de África, film por el que Katharine volvería por enésima vez a ser nominada al Óscar, premio que logró Bogart por su excepcional trabajo.
En los sesenta, una Hepburn más madura fue dispersando sus trabajos cinematográficos. Excelentes películas como "Locuras de verano" (1955) de David Lean, y "De repente, el último verano" (1959) dirigida por Joseph L. Mankiewicz, basada en una obra de Tennesse Williams, "Larga jornada hacia la noche" (1962) de Sidney Lumet, la citada "Adivina quien viene a cenar esta noche" (1967) , actuación por la que ganó el Óscar, estatuilla que volvería a conseguir un año después por su colaboración en "El león en invierno" (1968), una película histórica dirigida por Anthony Harvey y co-protagonizada por Peter O'Toole.
En los sesenta, una Hepburn más madura fue dispersando sus trabajos cinematográficos. Excelentes películas como "Locuras de verano" (1955) de David Lean, y "De repente, el último verano" (1959) dirigida por Joseph L. Mankiewicz, basada en una obra de Tennesse Williams, "Larga jornada hacia la noche" (1962) de Sidney Lumet, la citada "Adivina quien viene a cenar esta noche" (1967) , actuación por la que ganó el Óscar, estatuilla que volvería a conseguir un año después por su colaboración en "El león en invierno" (1968), una película histórica dirigida por Anthony Harvey y co-protagonizada por Peter O'Toole.
Ya en 1981, en un autentico testamento cinematográfico protagonizó junto a Henry Fonde En el estanque dorado, realizada por Mark Rydell. Por ella, obtuvo su cuarto Óscar a la mejor actriz.
Aunque hizo algunos papeles más para cine y televisión, su estado de salud le obliga a retirarse a su casa de Connecticut donde murió en junio de 2003.
El American Film Institute (AFI), la consideró la estrella femenina más importante de los primeros cien años del cine norteamericano, seguida de Bette Davis, Audrey Hepburn, Ingrid Bergman y Greta Garbo.
Como ya hice en otra entrada sobre Kate, les vuelvo a recomendar el documental “Hepburn: todo sobre mí” que la actriz grabó cuando se retiró de su carrera. Todo un documento sobre el mundo de la época dorada del cine. En él se hace un repaso a la exitosa trayectoria de la actriz y se ofrece una inteligente entrevista donde responde con la sinceridad de quien está de vuelta de todo. Nos cuenta su historia sin miedo a la muerte y dejando una clara y sabia lección:” ESCUCHEN EL CANTO DE LA VIDA. “
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domingo, 17 de marzo de 2013
MARILYN MONROE (II)
Su verdadero nombre era Norma Jeane y nació en 1926. Hija de un padre desconocido y de una madre esquizofrénica, la infancia de Marilyn fue acumulando traumas entre orfanatos y padrastros hasta que a los 16 años se casó con un soldado. Sus curvas de adolescente y su increíble belleza la fueron transportando de un hombre a otro sin que se la viera feliz. Su infancia y adolescencia estuvo tan falta de cariño y estabilidad como repleta de familias adoptivas, abusos sexuales y miseria emocional. A pesar de eso consiguió ser uno de los mitos del cine y de la cultura occidental del siglo XX.
A lo largo de toda su vida fue consumida o devorada por hombres de distinta condición hasta que su criada la encontró muerta en agosto del 62. Su imagen es, posiblemente, una de las que mejor representen su época.
Tras trabajar como modelo en muchas revistas, comenzó en el cine en unos títulos olvidables que no consiguieron el favor del público.
Sus primeros papeles importantes fueron en 1950 en dos grandes películas: La jungla de asfalto de John Huston y Eva al desnudo de J. L. Mankiewicz. Poco más tarde, en 1953, pasó a ser uno de los rostros más conocidos en Hollywood y trabajó como actriz principal en Como casarse con un millonario de Jean Negulesco, Los caballeros las prefieren rubias de Howard Hawks y en Niágara de Henry Hathaway.
Su carrera continuó con Río sin retorno" (1954) de Otto Preminger, "Luces de candilejas" (1954) de Walter Lang, "La tentación vive arriba" (1955) de Billy Wilder, "Bus Stop" (1956) de Joshua Logan y "El príncipe y la corista" (1957) de Laurence Olivier. En 1959, de nuevo bajo las órdenes de Billy Wilder demostró su talento para la comedia con su trabajo más recordado, la inolvidable “Sugar” de "Con faldas y a lo loco" (1959). Después intervino en "El multimillonario" (1960) de George Cukor y en "Vidas rebeldes" (1961), un título de John Huston con Montgomery Clift y Clark Gable y con guión de su marido Arthur Miller. Curiosamente sería el último film tanto de Marilyn como de Gable, y uno de los últimos del malogrado Monty Clift.
A pesar de ser muy comentadas la falta de puntualidad y de disciplina en los rodajes, también es cierto que todas las películas en las que participó han quedado mejoradas por su insultante belleza rubia. Su capacidad para crear personajes seductores, y a la vez vulnerables, generaron turbulencias en el espíritu de multitud de admiradores.
Muchas generaciones de hombres, desde cualquier rincón del planeta, han derramado sueños dorados sobre su encantadora miopía, su excitante caminar sobre altos tacones y su tierno desamparo. El delicioso guiño de sus ojos nunca pasará de moda.
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