sábado, 5 de julio de 2014

SILENCIO

Has alcanzado la cima de tu experiencia pero tu cuerpo deja de tener el vigor que deseas. La vida la miras, la conversas, la escribes y la recuerdas, pero no la protagonizas. Tu mente adolescente que siempre confiaba en el futuro te ha abandonado definitivamente. También debes desprenderte de tus mejores sueños de juventud y de aquella absoluta belleza que siempre veías en el horizonte. Solo te queda soportar la nostalgia y despedirte de los milagros. Resistir con dignidad. Sonreír y derrochar generosidad ante quien lo merece. Consolarte con tus mejores éxitos y resignarte ante tus fracasos. Pensar en la despedida.  Asumir los próximos retos con valentía.  Disfrutar la soledad. Y  dominar el silencio.


miércoles, 11 de junio de 2014

LIBRO: TIEMPO, MEMORIA Y LIBRE ALBEDRÍO


El libro es una recopilación de algunas entradas aparecidas en este blog, aunque muchas han sido modificadas y ampliadas. Algunos capítulos son breves introspecciones con un marcado carácter autobiográfico, otros, en cambio, son breves reflexiones sobre la vida y las peculiaridades de la condición humana; siempre planeando en torno a los enigmáticos conceptos que refleja el título: tiempo, memoria y libre albedrío.

El determinismo de Spinoza y el papel central que los sentimientos y las emociones ocupan en su filosofía; la revolucionaria importancia de la teoría de Darwin, el desarrollo de la psicología evolucionista o los avances en neurociencias, son algunos de los ejes sobre los que giran muchas de estas reflexiones. Con ellas se mezclan breves elucubraciones personales para meditar acerca de la soledad, la felicidad, la vida, el amor, la libertad y la sabiduría.

Aquí tienen algunos enlaces de compra:





sábado, 31 de mayo de 2014

HOMÚNCULO

      Dentro de esa masa gelatinosa de kilo y medio que tenemos dentro del cráneo existe una inconmensurable maraña de neuronas con multitud de hormonas, neurotransmisores, e iones de todo tipo.

      Sin embargo, para que exista libre albedrío se requiere que exista en cualquier rincón un centro de control donde un homúnculo de naturaleza no biológica ejerza de jefe de mandos. Fantasma en la máquina, alma, “yo” inmaterial, sea cual sea su nombre debería gobernar ese torbellino molecular que fluye por el cerebro y hacerse responsable, en última instancia, de la conducta del individuo. 

       Pero no hay tal homúnculo, y por tanto, tampoco libre albedrío.

domingo, 13 de abril de 2014

SIN PERDÓN. CLAUDIA'S THEME


Esta noche he vuelto a escuchar el tema principal de la banda sonora de la película de Clint Eastwood "Sin perdón". Me he vuelto a emocionar. Se trata de un tema sencillo y frágil, y a la vez brillante, hondo, hermoso, melancólico. El tema se llama Claudia's theme y es el contrapunto perfecto para un film duro y seco como el whisky. Una nostálgica incursión en el mito del pistolero con alguna de las secuencias más violentas que ha rodado Eastwood, lo cual es mucho decir.  Una nueva demostración de que es uno de los grandes del séptimo arte. Aquí les dejo esta perla musical.






sábado, 8 de marzo de 2014

TIEMPO, MEMORIA Y LIBRE ALBEDRÍO





Un hombre está hecho de tiempo y de memoria; 

y se siente libre pero no lo es.

Su tiempo se acaba cuando lo hace su memoria.


jueves, 27 de febrero de 2014

AZAR


¿Quién eligió al espermatozoide y al óvulo que nos proporcionaron nuestra información genética? ¿Y la época en que nos tocó nacer? ¿Decidieron nuestros padres el colegio donde realizamos nuestros primeros estudios, o dependía del lugar de trabajo que, a su vez, dependía de un jefe y de muchas casualidades más? ¿Eligió usted, querido lector, el barrio donde creció y los vecinos que luego se convirtieron en sus amigos? ¿Y la ciudad donde creció?

Los profesores que hemos tenido en nuestra etapa educativa, y que en muchas ocasiones marcaron nuestras preferencias profesionales dependían de unas oposiciones que aprobaron al sacar una bola al azar, una bolita de un bingo de juguete metida dentro de un saco.  ¿De cuantas rocambolescas casualidades dependió aquel trabajo que tuvimos en una época, que nos permitió conocer a alguien muy importante que determinó el curso de los acontecimientos posteriores? ¿Qué casualidad nos llevó a cruzarnos con un vendedor de pisos que nos convenció y que hizo que nuestra vida transcurriera en un lugar determinado? ¿Cuánto habrían cambiado las cosas si aquella noche del sábado no hubiéramos estado allí?

Una jeringuilla contaminada con un virus maligno en un hospital de otras épocas se cruza con un paciente y ya nada será igual. La vida del desafortunado inocente, y la de todos sus allegados estará trágicamente marcada por ese casual contagio.

Coger el vagón de metro que será objeto de un atentado terrorista depende de pocos segundos. Atarse el cordón de los zapatos, o pararse a comprar el periódico puede permitirnos coger este metro o el siguiente. Pero nada será igual.

Un simple resfriado le permitió a Marta conocer a Luis, su médico y posteriormente su esposo. Marta se resfrió porque fue contagiado por un desconocido niño que viajaba a su lado en el autobús  y al que nunca volvió a ver. Sin ese virus no existiría Laura, la hija de Luis y de Marta.

Algunos segundos parecen determinantes para provocar cambios drásticos en nuestras vidas, pero ¿tienen más importancia unos segundos que otros en el devenir de los acontecimientos? ¿Por qué?

Claro, existen casualidades. Pero hay algún momento en tu vida que no esté marcado por la casualidad. Nada de lo que estás haciendo ahora hubiera ocurrido si el número agraciado con el gordo de la lotería en las últimas navidades hubiera sido el tuyo. ¿Por qué nuestras vidas dependen tantas veces de lo que ocurre con el azar?

 ¿De qué depende todo? ¿Está todo ligado al azar? ¿O, simplemente, no existe?

domingo, 26 de enero de 2014

CINE DE MIEDO. LA NOCHE DEL CAZADOR


No soy un especial aficionado a este género cinematográfico, entre otras cosas, porque me dan mucho miedo, aunque es, precisamente, lo que debe ocurrir. Me costó mucho entrar en una sala para ver por primera vez El exorcista (William Friedkin, 1973), y lo pasé mal, es decir, con inquietante angustia durante hora y media. Aún me cuesta ver una fotografía de la niña, o escuchar el famoso: “Mira lo que hace la guarra de tu hija”. Lo mismo me ocurre con La noche de los muertos vivientes (George A. Romero, 1968), o las diferentes versiones de Drácula. También me da mucho miedo  Anthony Hopkins en la inquietante El silencio de los corderos (Jonathan Demme, 1991) y otras películas de psicópatas como la famosa Psicosis (1960)  de Alfred Hitchcock.  Pero una de las cumbres del género procede de nuevo del genio de Stanley  Kubrick, que  dejó su marca en la escalofriante El resplandor (1980) con un excéntrico Jack Nicholson sembrando el terror en un hotel abandonado. Tuvo que pasar algún tiempo para que esta obra, basada en un relato de Stephen King, ocupara el lugar privilegiado que merece en el cine de terror.

Para los amantes de emociones fuertes, también les recomendaría un título no muy conocido: Suspense (Jack Clayton, 1961) donde uno se sumerge en algunos de los elementos típicos del género: mansiones rurales solitarias, figuras fantasmagóricas por detrás de los cristales, y niños inquietantes. Esta joya en blanco y negro  tuvo una indudable influencia en el español  Amenábar y su enigmático film Los otros.

También una muy antigua La parada de los monstruos, de Tod Browning (1931), rodada con seres humanos con severas malformaciones físicas y problemas mentales que dotan a la película de un realismo perturbador. Se trata de un relato circense de amor y traición que logra conmover y asustar al espectador. Considerada hoy como película de culto, fue en su día un gran fracaso de taquilla por la rareza de la propuesta y por la repugnancia que pudo causar en el público. Otra rareza que vi en mi adolescencia y ya no he vuelto a ver es un relato inquietante sobre una isla soleada dominada por unos niños que deciden vengarse de los adultos. Se trata de “Quien puede matar a un niño” de Narciso Ibáñez Serrador (1976)

Pero dejando aparte exorcismos, vísceras, zombis, fantasmas o sangre, yo les recomendaría ver, si no lo han hecho ya, una maravillosa y peculiar joya: La noche del cazador(1955),la única película que realizó Charles Laughton.



A medio camino entre el cuento de hadas y el de terror, nos cuenta la historia de unos niños al que su padre les confía un dinero robado poco antes de ser detenido. El reverendo Powell, un psicópata asesino de viudas, se entera y va en busca de la madre de los niños y del botín en un ambiente de la América profunda de la Gran Depresión.

Hay muchas cosas a destacar, pero conviene empezar por la impresionante interpretación de Robert Mitchum en el papel de reverendo. Constituye sin duda, uno de los personajes más aterradores y cínicos de la historia del cine. Un auténtico y monstruoso lobo metido en un cuento de niños.Con la palabra amor escrita en los dedos de una mano, y odio en la otra mano, el predicador presenta una esquizofrénica personalidad entre el bien y el mal,  la psicosis y la fe, entre un predicador bondadoso y el más despiadado criminal.

Muchas imágenes quedan grabadas en la memoria del espectador. Persecuciones en la escalera del sótano. El asesinato de la madre y la figura del cadáver en el rio. La silueta del reverendo a caballo recortada en el horizonte, la canción que tararea mientras persigue a los niños. Los gritos en la noche cuando los niños se escapan con una barquita de las  manos del siniestro asesino. Toda una serie de momentos de autentico cine de terror. Junto a ellos unas imágenes propias de una fábula infantil, con el cielo adornado de estrellas, secuencias de primeros planos de la fauna y flora del rio iluminados por la luna durante la huida de los niños. Todo hace que se llene la pantalla de magia y que el espectador quede fascinado por la originalidad de lo que está viendo.

 También hay que destacar la presencia de Lilian Gish que volvió al cine para protagonizar a Rachel, una anciana que recoge en su granja a los niños abandonados. Rachel supone la fuerza del bien-amor, que equilibra la perturbadora y poderosa presencia del mal-odio del predicador. También aquí, junto a momentos de autentico sobrecogimiento propios de la peor de las pesadillas, asistimos a momentos de ternura y cariño propios de un cuento de hadas. Momentos de milagrosa y esperanzadora humanidad. En una secuencia conmovedora la anciana Rachel lava el pelo del niño con protección materna. La anciana y los inocentes niños caminan en fila como si de unos ánades se tratara. La cogida de las manos frente a la apabullante amenaza de uno de los peores “malos” del cine de terror.

 Sin sangre, sin ruidos.