sábado, 12 de mayo de 2012

La naranja mecánica.

A finales de la década de los setenta, muchos españoles salían fascinados de las salas de cine donde se proyectaba  La naranja mecánica (A Clockwork Orange) (1971) del director Stanley Kubrick. El polémico y deslumbrante film estuvo prohibido en Gran Bretaña durante 30 años a propuesta del propio director ante las amenazas que recibió y ante la aparición de algunas pandillas que intentaban emular las fechorías de su protagonista.
Nos adentramos en el mundo de Alex, un joven ultra violento y amante de la música de Beethoven, que dedica sus noches a dar rienda suelta a sus impulsos de sexo y violencia. En una indeterminada futura sociedad británica, se divierte junto a sus amigos con todo tipo de conductas antisociales, pero al ser traicionado por éstos, es detenido por la policía tras cometer un asesinato. En la cárcel, convertido en el recluso 6655321, acepta ser sometido a terapias conductistas que modifiquen su conducta y le puedan devolver a la sociedad. La técnica -llamada en el film “Ludovico”- consiste en un condicionamiento clásico (Paulov) que impide al protagonista realizar cualquier conducta violenta o sexual.
El film estaba basado en una novela del mismo título que escribió Anthony Burguess en 1962. El autor  justificó el título de esta manera: “He querido que signifique la aplicación de una moralidad mecanicista a un organismo vivo que rezuma jugo y dulzura”
Tanto en el film como en  la novela, el tema fundamental es la preocupación de que las ciencias de la conducta imperantes en la época y una moral materialista puedan robar el libre albedrío al ser humano.  El punto central es la pesadilla que puede suponer para la dignidad humana el control total del ser humano por parte del exterior.  Se suponía que si es la educación lo que hace al hombre, el conductismo, que dominaba la psicología de la segunda mitad del siglo XX, podría penetrar en los entresijos del comportamiento humano. Posteriormente las obras de ciencia-ficción se interesarían por el control del ser humano desde dentro, desde su naturaleza genética.
A esta reprogramación del antihéroe se opone el sacerdote de la cárcel que duda que la bondad pueda proceder de una técnica científica. Les dejo con algunas de sus palabras.
 “la bondad es algo que se elige. Cuando un hombre no puede elegir, deja de ser hombre”….”  ¿Qué quiere Dios? ¿Quiere Dios la bondad o la elección de la bondad? ¿Acaso un hombre que elige lo malo es de alguna manera mejor que un hombre al que se le impone la bondad? Preguntas profundas y difíciles, pequeño 6655321”.
¿Por qué somos como somos? Ésta es la cuestión.


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